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Cuadro comparativo: Declaraciones Derechos de la mujer y la ciudadana - Derechos del hombre y ciudadano

Art.

DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO

(1789, Lafayette)

DECLRACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y DE LA CIUDADANA

(1791, Gouges)

I
Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las diferencias sociales no pueden fundarse sino en el bien común.
La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las diferencias sociales no pueden fundarse sino en el bien común.
II
La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e inalienables del hombre: estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e inalienables de la Mujer y el Hombre: estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
III

El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación: ninguna corporación, nungún individuo pueden ejercer autoridad alguna que no emane expresamente de ella.

El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación, que no es sino la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.
IV
La libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a los demás. De este modo, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que aseguren a otros miembros de la sociedad el disfrute de esos mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.

La libertad y la justicia consisten en restituir todo lo que pertenece a los demás: de este modo el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más límiyes que la perpetua tiranía a que el hombre la somete; estos límites deben ser reformados por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V
La ley no puede prohibir más que las acciones nocivas para la sociedad. Todo lo que no está prohibido por la ley no puede ser impedido y nadie puede ser obligado ha hacer lo que ésta no prescriba.
Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones nocivas para la sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, justas y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado ha hacer lo que ellas no prescriben.
VI
La ley es la expresión de la voluntad general; todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir personalmente o por medio de sus representantes, a su formación; debe ser ésta la misma para todos, tanto para proteger como para castigar, siendo todos los ciudadanos iguales ante sus ojos, son asimismo aptos para todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad y sin otra diferencia que la de sus virtudes y talentos.

La ley debe ser la expresión de la voluntad; todas las ciudadanas y ciudadanos deben contribuir personalmente o por medio de sus representantes, a su formación; debe ser ésta la misma para todos: todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, siendo iguales ante sus ojos, deben ser igualmente aptos para todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades, y sin otra diferencia que la de sus virtudes y sus talentos.

VII
Ningún hombre puede ser acusado, detenido ni arrestado más que en los casos determinados por la ley y según las formas que ella prescriba. Los que soliciten, despachen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias, deben ser castigados; todo ciudadano citado o apresado por la ley debe empero obedecer al instante. La resistencia le convierte en culpable.
Ninguna mujer será exonerada; será acusada, detenida y arrestada en los casos previstos por la ley. Las mujeres obedecerán como los hombres a esta rigurosa ley.
VIII
La ley no debe establecer más penas que las estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito y aplicada con garantías legales.
La ley no debe establecer más penas que las estricta y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito y aplicada a las mujeres con garantías legales.
IX
Como se presume inocencia en todo hombre hasta que se le declare culpable, si se juzga necesario el detenerlo, se deberá severamente reprimir todo rigor innecesario para la retención de esa persona.
Sobre toda mujer que fuera declarada culpable, caerá todo el peso de la ley.
X
Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley.
Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso fundamentales; la mujer tiene derecho a subir al cadalso; debe tener igualmente el de subir a la tribuna siempre que sus manifestaciones no perturben el orden público establecido por la ley.
XI

La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre, por tanto todo ciudadano puede hablar, escribir, imprimir libremente, salvo en los casos en que tenga que responder del abuso de esta libertad, en los casos determinados por la ley.

La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más preciados de la mujer, puesto que esta libertad garantiza la legitimidad de los padres con respecto a los hijos. Toda ciudadana puede, decir libremente: “Yo soy madre de un hijo que os pertenece”, sin que un prejuicio bárbaro la obligue a disimular la verdad; salvo en los casos en que tenga que responder del abuso de esta libertad, en los casos determinados por la ley.
XII
La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; se instaura esta fuerza en beneficio de todos y no para utilidad particular de aquellos a quienes se confíe.
La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana necesita de una utilidad mayor; esta garantía debe instaurarse en beneficio de todas y no para la utilidad particular de aquellas a quienes se confíe.
XIII
Es indispensable una constribución común para el sostenimienro de la fuerza Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, que debe ser repartida equitativamente entre todos los ciudadanos en base a sus posibilidades.
Para el sostenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones del hombre y la mujer son iguales; ella participa en todas las cargas y en todas las tareas penosas; debe pues, tener derecho a participar en el reparto de puestos, empleos, dignidades e la industria.
XIV
Los ciudadanos tienen el derecho a controlar por ellos mismos o por medio de sus representantes la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, a controlar su empleo y a determinar la cuota, el asiento, la recaudación y el plazo.
Las ciudadanas y ciudadanos tienen derecho a controlar por ellos mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las ciudadanas no pueden aceptarla más que a partir de un reparto igualitario, no sólo de la fortuna, sino de la administración pública y tienen derecho a establecer la cuota, la base imponible, la recaudación y la duración del impuesto.
XV
La sociedad tiene derecho a pedir cuentas a todo agente público de su administración.
La masa de las mujeres, unida a la de los hombres para la contribución al erario público, tiene derecho a pedir cuentas a todo agente público, de su gestión administrativa.
XVI
Toda sociedad en la cual no se garanticen los derechos no determine la separación de los poderes, no tiene Constitución.
Toda sociedad en la que se garanticen los derechos ni la separación de los poderes, no tiene Constitución; la Constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha contribuido a su redacción.
XVII
Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, sino en el caso de que el bien común, comprobado fehacientemente, lo exija, con la condición de una previa y justa indemnización.

Las propiedades son de todos los sexos, unidos o separados; son para cada uno un derecho inviolable y sagrado; nadie puede verse privado de ellas, como verdadero patrimonio de la naturaleza que son, sino porque la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija fehacientemente, con la condición de una previa y justa indemnización.

Cuadro en formato impreso en Elena Simón Rodríguez "Olimpia de Gouges: del sueño del pacto a la guillotina" en Revista Canelobre nº 23/24, Alicante: Instituto Gil Albert, 1992